7 may 2026

El Entorno Importa

Cuando hablamos de nuestra experiencia laboral, solemos pensar en las tareas que realizamos, los objetivos que alcanzamos o los logros que conseguimos. Sin embargo, tan importante como lo que hacemos es dónde, cómo y con quién lo hacemos.

El entorno en el que desarrollamos nuestro trabajo influye de manera decisiva en nuestro bienestar, en nuestro rendimiento y en la forma en que nos sentimos con respecto a nuestra vida profesional.

Un entorno saludable puede potenciar nuestro talento, creatividad y motivación, mientras que uno negativo tiende a drenar nuestra energía, generar desgaste e incluso obligarnos a dedicar parte de nuestro tiempo libre a recuperarnos de esa experiencia laboral. Por eso, al reflexionar sobre nuestro desarrollo profesional, no basta con pensar en nuestras capacidades: debemos también mirar con atención al entorno que nos rodea.

A continuación, exploro tres dimensiones que considero significativas de ese entorno y que inciden directamente en nuestra experiencia laboral.

1. El entorno humano

Las personas con las que trabajamos son un factor determinante en cómo vivimos nuestro día a día. El tipo de relaciones que se establecen en un equipo puede marcar la diferencia entre un espacio de trabajo que impulsa nuestro talento o uno que lo limita. Cuando esas relaciones están basadas en valores positivos como el respeto, el reconocimiento mutuo y la confianza, se crea un ambiente que favorece la colaboración, la innovación y el crecimiento profesional. Por el contrario, un clima marcado por la desconfianza, la falta de reconocimiento o los conflictos recurrentes termina por afectar tanto a la salud profesional como a la personal.

No en vano, el psicólogo organizacional Edgar Schein, uno de los grandes referentes en cultura y liderazgo, sostuvo que las interacciones humanas en las empresas son la base sobre la que se construyen la identidad y la eficacia de los equipos.

Un entorno humano sano no solo favorece la productividad, sino que también es esencial para el bienestar emocional de quienes forman parte de él.


 

2. El entorno pragmático

Más allá de las relaciones humanas, también importan los procedimientos, las normas y los flujos de trabajo que organizan nuestras tareas cotidianas. Este es el entorno pragmático: el conjunto de reglas visibles e invisibles que nos permiten desarrollar nuestra labor. Cuando este entorno está bien diseñado —es decir, cuando los procesos son claros, las responsabilidades están definidas y la organización es coherente— resulta mucho más sencillo ser eficaz, ahorrar tiempo y evitar frustraciones. Un entorno pragmático ordenado nos ayuda a optimizar esfuerzos y liberar energía mental que podemos dedicar a lo que verdaderamente importa: aportar valor con nuestro talento. En cambio, la desorganización, los procesos burocráticos excesivos o la falta de claridad generan el efecto opuesto: bloqueos, duplicación de tareas y desgaste innecesario. Como subrayaba Kurt Lewin, pionero de la psicología social, la conducta humana siempre está en función de la persona y de su entorno (“behavior = person × environment”).

Cuando el entorno pragmático falla, incluso las personas más capacitadas se ven limitadas en su desempeño.


3. El entorno cultural

Finalmente, existe una capa más profunda: la del entorno cultural. Aquí hablamos de los valores, la visión y la misión que sustentan a una organización. Este nivel incide tanto en las políticas internas de gestión como en las expectativas y comportamientos de cada miembro del equipo.

Cuando existe alineación entre los valores de la organización y los de las personas que trabajan en ella, se genera un círculo virtuoso en el que la motivación y el compromiso se fortalecen. Sin embargo, las contradicciones, incoherencias o interferencias culturales producen fugas de energía y minan el rendimiento. Por ejemplo, una empresa que promueve la innovación pero castiga los errores envía mensajes contradictorios que dificultan la confianza y la iniciativa. En estos casos, la cultura organizacional deja de ser un motor y se convierte en un obstáculo para el talento.

El entorno cultural es, en última instancia, lo que da sentido y coherencia a todo lo que ocurre dentro de una empresa.


Encontrar el entorno adecuado

La experiencia laboral nunca depende únicamente de nuestras competencias. Se construye en diálogo con el entorno humano, pragmático y cultural en el que desarrollamos nuestra actividad. Por eso, es fundamental elegir y crear entornos que favorezcan el crecimiento, el bienestar y el sentido de propósito. Encontrar un lugar donde las relaciones humanas sean respetuosas, los procesos estén organizados y la cultura sea coherente con nuestros valores no es un lujo: es una condición necesaria para que nuestro talento no solo sea reconocido, sino que pueda expandirse y desplegar todo su potencial.

Como nos recuerdan ambos psicólogos sociales, el entorno influye de manera directa en nuestras conductas y resultados. Y en esta línea, el verdadero éxito de una organización se mide por la capacidad de generar contextos que potencien lo mejor de las personas que la integran. En definitiva, cuidar el entorno en el que trabajamos es también cuidar de nosotros mismos. Porque el trabajo puede ser una fuente de desgaste, pero también una fuente inmensa de satisfacción, energía y desarrollo personal, si sabemos elegir dónde, cómo y con quién compartimos nuestro talento.


26 abr 2026

El "Abismo Profesional"

 

En un contexto laboral marcado por la incertidumbre y la velocidad del cambio no resulta extraño que muchos profesionales atraviesen momentos de quiebre en su trayectoria. En Silicon Valley han denominado este fenómeno "El abismo", pero no hace falta ser un ingeniero de la élite tecnológica para atravesar experiencias similares de duda, pérdida de sentido o desconexión con la propia carrera profesional.

De hecho, estas sensaciones emergen con frecuencia en múltiples sectores y niveles profesionales, especialmente en entornos que demandan adaptación constante y donde las referencias tradicionales de estabilidad han dejado de ser claras. Como veremos, la llamada “crisis de carrera” no es necesariamente un síntoma de fracaso, sino una señal de inflexión que forma parte de procesos más amplios de revisión y ajuste personal.

 

"El abismo del ingeniero"

La mayoría de profesionales que trabajan en el desarrollo de inteligencia artificial avanzada en empresas de primer nivel lo hace guiada por grandes motivaciones. Por una parte, entornos como el de Silicon Valley les proporcionan la oportunidad de enfrentarse a grandes desafíos intelectuales y técnicos. Estos retos resultan fascinantes para estos ingenieros, sobre todo cuando se enmarcan en proyectos de vanguardia a través de los cuales se está dando forma nada menos que al futuro de la humanidad. El deseo de ser parte de ese cambio y de vivirlo desde dentro constituye un gran aliciente para sus carreras. 

Sin embargo, detrás de ese halo de éxito se esconde una realidad menos visible: muchos de estos profesionales atraviesan lo que ellos mismos denominan “el abismo”. Este abismo no es un concepto figurado, sino una experiencia vital a menudo inquietante y extenuante. En sus propias palabras, "Me despierto pensando en el código que dejé a medias y me acuesto revisando métricas de entrenamiento de modelos”, contaba un ingeniero de IA generativa entrevistado por Business Insider.

Este testimonio da cuenta del agotamiento cognitivo y emocional derivado de la presión extrema en un trabajo que demanda creatividad y precisión al más alto nivel. Cuando esto se une a la autoexigencia, el Burnout está casi asegurado. Pero los síntomas de quienes caen en el abismo van más allá de este síndrome, ya de por sí perjudicial en términos de salud mental. Muchos ingenieros han experimentado una profunda ansiedad existencial y crisis de propósito. 

En síntesis, el fenómeno del Abismo incluye varias dimensiones:

  • Sensación de que nunca se puede desconectar (porque la tecnología cambia demasiado rápido).
  • Presión casi obsesiva por seguir aprendiendo a marchas forzadas (probar modelos, herramientas y agentes nuevos).
  • Miedo a quedarse atrás o a ser reemplazado por la misma tecnología que desarrollan.
  • Pérdida de propósito o identidad profesional: “si una IA puede hacer gran parte de mi trabajo, ¿qué valor aporto yo?”.
  • Vértigo de futuro, dada la exposición continua a ideas sobre automatización extrema, desempleo masivo o incluso riesgos existenciales para la humanidad.

En reportajes recientes, varios ingenieros de Silicon Valley describen sentirse agotados antes del mediodía, incapaces de desconectar y atrapados en una dinámica de vigilancia constante de agentes de IA. También hay terapeutas de la Bahía de San Francisco que hablan de una crisis existencial creciente entre trabajadores de IA, con miedo al futuro, ansiedad sobre la pérdida de empleos y sensación de estar contribuyendo a algo que podría escapar al control humano. Por eso,“the abyss” en este contexto suele significar el punto en el que la fascinación tecnológica se convierte en agotamiento psicológico y vértigo existencial. 

Muchos sienten que su trabajo, aunque tecnológicamente impresionante, carece de significado real. Un terapeuta de Silicon Valley relataba que sus pacientes frecuentemente dicen: “Estoy construyendo modelos increíbles, pero ¿para qué? ¿Cuál es el impacto real de todo esto?”.

“Muchos vienen con logros externos que la sociedad valora, pero sienten que su vida carece de dirección”, explica un terapeuta que trabaja con ejecutivos de tecnología en Bay Area.

Además, puede darse aislamiento y deshumanización: la presión por mantener la excelencia y el ritmo competitivo dificulta mantener relaciones significativas. Un ingeniero comentó: “En el equipo todos son brillantes, pero nadie habla de cómo nos sentimos, ni siquiera de si estamos agotados. Siento que estoy solo en una burbuja de logros técnicos”.



Frente a esta situación, el coaching terapéutico emerge como un recurso clave, no solo para aliviar los síntomas, sino para abordar la raíz del malestar. Se trata de ofrecer un espacio para explorar las prioridades y valores personales, ayudando a los profesionales a reconectar con su propósito esencial. Esto permite situar su trabajo dentro de un marco más amplio de coherencia vital.

 

"Más allá de Silicon Valley"

Estos testimonios revelan una realidad creciente: salvando las distancias por las particularidades técnicas, muchos profesionales están atravesando su "abismo" particular. Ya sea por la alta exigencia de su sector, por la impredecibilidad de los constantes cambios en su empresa o el impacto más o menos notorio de la IA en su rol, ¿quién no ha sentido algún síntoma del abismo?

La presión, la autoexigencia y la desconexión de valores personales no son exclusivas de Silicon Valley: se encuentran también en otros sectores altamente demandantes, creativos o de responsabilidad intensa. En este sentido, un terapeuta resumía la situación: “Si un ingeniero puede perder el sentido de su trabajo en medio de proyectos de vanguardia, cualquier profesional puede sentirse así cuando su labor se vuelve mecánica o desconectada de lo que realmente le importa”.

Estos testimonios ofrecen una lección más amplia sobre cómo pueden aparecer quiebres profesionales profundos incluso en funciones y entornos que un día nos parecieron apasionantes. Y es que el éxito externo no asegura satisfacción interna, que se define por la claridad del propósito y la conexión emocional con lo que hacemos.

Aunque a priori la realidad de los ingenieros de IA puede parecerte lejana e incluso ajena, su experiencia puede resonar con tus vivencias cotidianas.

Tal vez la pregunta no es si estás en el Abismo que describen, sino en qué lugar te encuentras ahora: ¿Cómo es hoy tu relación con el trabajo? ¿Hay conexión, disfrute y sentido? ¿O quizá empieza a haber cierto distanciamiento que conviene atender?

Si es el caso, recuerda que existen métodos y marcos óptimos para transitar y superar un quiebre profesional, reconectando con una mayor coherencia y significado en tu trabajo.

Como siempre, apuesta por tu Talento y tu bienestar.

 

19 ene 2026

El efecto de la IA en tus candidaturas

 


Esta soy yo, según la IA.

Así es la imagen que ha creado de Maite Ordoñez, psicóloga y coach de carrera, partiendo de cierta información y comandos. Seguramente la imagen de la izquierda tiene mejor iluminación, mejor fondo, colores más nítidos y, en general, una calidad mucho mayor. Sin duda, es más "perfecta".

Pero tiene una desventaja clara.... No soy yo.

Algo parecido sucede cuando utilizas la IA en tareas típicas en la búsqueda de empleo, como redactar un CV, el perfil de LinkedIn o preparar las respuestas para una entrevista de trabajo: puede que sus propuestas suenen "perfectas", pero corres el peligro de crear una imagen de ti poco auténtica y poco humana.

Hoy te comparto las que considero mejores prácticas en el uso de la IA en los distintos momentos de un proceso de selección y te invito a sortear los riesgos con los que también cuenta esta herramienta.


Cómo Utilizar la IA en tus candidaturas

Indudablemente la IA es una herramienta que ofrece muchas utilidades aplicables a la búsqueda de empleo. Ya son múltiples los ejemplos que encontramos a la hora de elaborar un CV o preparar entrevistas, ambas etapas críticas en tu recorrido hacia el puesto de trabajo deseado.

En mi experiencia he observado que puede ser una buena herramienta de apoyo, pero también cuenta con ciertos riesgos. Después de cierto tiempo de entrenamiento y de varios acompañamientos a profesionales de diversos sectores "suplementados" con IA, te cuento mi visión al respecto

Tareas en las que puedes apoyarte en la IA:

  • Estudios de empresa: a la hora de preparar entrevistas es crucial hacer una buena investigación de la empresa en cuestión. Utilizando los prompts adecuados la IA puede proporcionarte datos específicos y buenos resúmenes de aspectos relevantes como el nivel de facturación, la trayectoria de la empresa y noticias recientes. 
  • Estudios de mercado: en algunos procesos de selección se solicitan ejercicios prácticos o la resolución de "business cases", muchas veces aplicados a productos o servicios de la propia empresa. La IA puede ayudarte con el estudio de mercado, así como en el brainstorming necesario para proponer estrategias o tácticas de mejora, expansión o comercialización.
  • Resúmenes de tu perfil y cartas de presentación: si ya cuentas con la información suficiente sobre la oferta y conoces bien tu encaje en ella, la IA puede ayudarte a redactar muy convenientemente resúmenes de tu perfil y/o cartas de presentación. En este sentido, es destacable que la IA tiende a hacer textos bastante elaborados con frases largas. Si este estilo no se adecua a lo necesario, o si no se corresponde con tu propio estilo, te recomiendo que no sólo le pidas el tipo de resumen que necesitas, si no que le des también instrucciones en cuanto al estilo de redacción. Esto favorecerá que el texto que te proporcione esté más alineado con el que tú mismo habrías escrito. 

Profundizando en este punto se hace muy relevante que corrijas y adaptes cada texto. No olvidemos que para generar confianza es importante que exista coherencia entre tus herramientas de búsqueda de empleo y lo que la empresa y los entrevistadores se encontrarán al conocerte e interactuar contigo. Así, si tu CV o carta son muy elaborados y rimbombantes, y tu estilo de comunicación en cambio es muy directo y sencillo, se generará una sensación de poca coherencia que puede jugar en tu contra. 

  • Valoración del encaje: la IA puede ser útil para evaluar el encaje de tu perfil en una determinada posición. Sin embargo, para que su respuesta sea precisa es imprescindible que le proporciones todos los datos necesarios. Estos incluyen tanto tu perfil profesional completo como toda la información disponible sobre la empresa y la oferta de trabajo. La IA puede ser muy buena detectando posibles "match"es entre ambos elementos, lo que te ayudará a enfocar tanto tu CV como tu carta de presentación, por ejemplo, destacando los puntos de concordancia.

Esto mismo es aplicable en parte a la preparación de la entrevista de trabajo: disponiendo de los datos de tu perfil y de la oferta de trabajo, la IA puede proponerte posibles preguntas de entrevista e incluso cómo responderlas. No obstante, en este tipo de tarea en ocasiones la IA puede no tener en cuenta particularidades importantes de tu especialidad o sector, así que añade o elimina lo que sea necesario.


Cara B: Riesgos

El mayor peligro de utilizar la IA en tus candidaturas es que éstas parezcan eficaces, pero suenen huecas: puede que la redacción sea impecable y las ideas adecuadas, pero hacer un "copia-pega" de lo que te devuelve la IA sonará con alta probabilidad impersonal y frío. 

Para evitar este riesgo, recomiendo entrenar adecuadamente a la IA en cuanto a tu estilo de comunicación. Aunque el resultado final pueda parecerte menos perfecto, sin duda será más humano y cercano. A fin de cuentas, lo importante es que tus comunicaciones transmitan tu esencia

Otro posible peligro es la tendencia a dar por buenas las respuestas de la IA: recuerda que es importante que revises y cotejes los puntos más importantes, haciendo prevalecer siempre tu criterio profesional y humano.

Por último, en cuanto a la preparación de entrevistas de trabajo, a pesar de la posible contribución positiva de la IA que señalaba anteriormente, también se dan ciertas contrapartidas. Por un lado, existe la tendencia a que el candidat@ se esmere en reproducir las respuestas proporcionadas por la IA, alejándose así de su propio discurso. Esto provoca que su lenguaje no verbal pierda fluidez y naturalidad durante la entrevista.

Por lo tanto, recomiendo escribir con tus propias palabras las respuestas a preguntas críticas, repasándolas o entrenándolas en voz alta. La IA puede darte buenas ideas, pero es importante que las expreses desde ti con tu propio lenguaje verbal y no verbal. No hay que olvidar que estas son tus verdaderas herramientas para transmitir tu valor de forma única y auténtica, generando así confianza

Por último, es importante tener presentes las limitaciones de la IA a la hora de ayudarte a lidiar con la montaña rusa emocional que supone la búsqueda de empleo.

En mi opinión, la IA es un buen asistente en términos de gestión de la información, redacción, realización de tareas analíticas y sintéticas, siempre que prevalezca tu criterio experto (tanto humano como técnico). Sin embargo, cada vez más personas dicen estar utilizándola a modo de "terapia", para desahogarse o recibir consejos ante las dificultades.

Optar por delegar en esta herramienta aspectos críticos de tus experiencias emocionales durante la búsqueda puede resultar muy contraproducente: por mucha información que analice, la IA no es humana, nunca ha vivido la experiencia que tú vives ni es capaz de entenderla desde tu prisma. Tal vez el mayor riesgo en este sentido es la cualidad interactiva y comunicacionalmente sofisticada con la que cuenta, pudiendo darte la impresión de que te entiende y te ayuda.

Si experimentas emociones difíciles durante la búsqueda, lo que es totalmente normal y habitual, mi recomendación es que acudas a tu red de apoyo humana y que en la medida de lo posible desarrolles tus habilidades de regulación emocional. Por supuesto, puedes buscar asesoramiento especializado si lo necesitas.

En mi canal de Youtube encontrarás este vídeo con propuestas para cuidar tu salud emocional mientras buscas empleo. 

También es un tema que trato a fondo en mi libro "Apuesta por tu Talento".

 


14 ene 2026

IMPULSORES DE CONDUCTA: Creencias que pueden bloquear tu Crecimiento

Resulta paradójico que aquello que nos ayuda a prosperar en un momento dado pueda convertirse en un lastre para nuestro desarrollo y bienestar después.

Esto mismo es lo que a menudo sucede con ciertas creencias y modos automáticos de funcionamiento en las que asentamos la identidad. Nos reconocemos como "nosotr@s mismos" cuando seguimos ciertos patrones de conducta. Sin embargo, siendo la vida un desafío cambiante e infinitamente variado, la inflexibilidad de los patrones suele llevar al colapso.


Los impulsores de conducta se enmarcan dentro de la teoría del Análisis Transaccional (AT), una escuela psicológica desarrollada por Eric Berne principalmente en la década de 1960, que combina elementos de psicología humanista y cognitivo-conductual para entender cómo las personas se comunican y se relacionan consigo mismas y con los demás. Taibi Kahler definió los impulsores de conducta como mensajes internos inconscientes, aprendidos en la infancia, que empujan a la persona a comportarse de determinada forma para obtener reconocimiento, aceptación o sensación de valía.

Son mandatos internos que se activan especialmente en situaciones de estrés o exigencia, y que llevan a la persona a actuar de forma automática, rígida y repetitiva.

Los impulsores se instalan progresivamente a lo largo de la infancia temprana, a partir de mensajes explícitos o implícitos del entorno, lo que implica que suelen incorporarse de forma acrítica e inconsciente. Funcionan a modo de: “haz esto para estar bien” y se viven como necesarios para salvaguardar la propia integridad y supervivencia.

Un aspecto relevante de los Impulsores es que, aunque no son patológicos en sí mismos, habitualmente suelen intensificarse en situaciones en las que la persona se siente bajo presión. Así, pueden volverse disfuncionales, limitando la espontaneidad, la creatividad y la autonomía. Aunque en origen su intencionalidad es positiva y potencialmente beneficiosa para la adaptación, su excesiva dominancia genera limitaciones y bloqueos. Estos efectos no sólo dificultan el logro de metas y la toma de decisiones, sino que pueden, además, generar estrés y malestar emocional, relacional y profesional.

En síntesis, los impulsores son eficaces para garantizar la supervivencia a corto plazo, pero su dominancia limita el bienestar y el desarrollo a medio y largo plazo.

 

Los 5 Impulsores Clásicos

Te presento a continuación los 5 Impulsores clásicos, revisando los mensajes de los que provienen habitualmente y sus características conductuales asociadas. ¿Te reconoces en alguno de ellos?

1. “Sé perfecto”

Mensajes frecuentes: “Las cosas se hacen bien o no se hacen”, “No puedes fallar”, “Hay que hacerlo bien, cueste lo que cueste”, “Sólo hay una forma de hacer las cosas: bien”.

Características asociadas: Autoexigencia elevada y, a menudo, poco realista. Necesidad constante de mejorar, revisar y pulir cada detalle. Tendencia al control y a la rigidez cognitiva, acompañada de miedo al error y a la crítica. Dificultad para dar por finalizadas las tareas, ya que siempre “se podría hacer mejor”. Este impulsor puede favorecer altos estándares de calidad y responsabilidad, pero llevado al extremo genera ansiedad, procrastinación y sensación persistente de insuficiencia.

2. “Complace”

Mensajes frecuentes: “Primero, piensa en los demás”, “No seas egoísta”, “Lo importante es que los demás estén bien”, “Si vas a lo tuyo, te quedarás solo/a”, “No lleves la contraria”.

Características asociadas: Tendencia a anteponer las necesidades ajenas a las propias, incluso cuando esto implica un coste personal elevado. Dificultad para poner límites, decir “no” o expresar desacuerdo. Sensación de obligación y miedo al rechazo o al conflicto. Aunque suele ir acompañado de empatía y capacidad de cuidado, en exceso conduce a desgaste emocional, resentimiento y pérdida de contacto con los propios deseos y necesidades.

3. “Esfuérzate”

Mensajes frecuentes: “Lo importante es que te esfuerces”, “Nada se consigue sin sacrificio”, “Si no cuesta, no vale”, “Aunque no lo logres, al menos lo habrás intentado”.

Características asociadas: Gran inversión de energía en tareas que requieren mucho esfuerzo, aunque no siempre sean las más eficaces. Valoración del sacrificio por encima del resultado. Dificultad para disfrutar de los logros si no han sido “suficientemente duros”. Este impulsor puede fomentar perseverancia y resistencia, pero también mantener a la persona en dinámicas de sobreesfuerzo, agotamiento y poca eficiencia.



4. “Sé fuerte”

Mensajes frecuentes: “No llores”, “No es para tanto”, “Hay que aguantar”, “Si muestras debilidad, pierdes”, “Tienes que poder con todo”.

Características asociadas: Inhibición emocional, especialmente de emociones consideradas “vulnerables” como el miedo, la tristeza o la necesidad de apoyo. Tendencia a mostrarse autosuficiente, resolutivo y controlador. Dificultad para pedir ayuda y para conectar con la propia fragilidad. Aunque aporta capacidad de afrontamiento en situaciones difíciles, su exceso genera desconexión emocional, soledad y sobrecarga interna.

5. “Date prisa”

Mensajes frecuentes: “No pierdas el tiempo”, “Ve más rápido”, “Siempre llegas tarde”, “Te estás quedando atrás”, “El que no corre, vuela”.

Características asociadas: Sensación constante de urgencia. Dificultad para relajarse y disfrutar del proceso. Tendencia a hacer varias cosas a la vez, con dispersión de la atención y aumento de errores. Este impulsor puede aportar agilidad y rapidez mental, pero cuando domina genera estrés crónico, impaciencia y dificultad para sostener procesos a largo plazo.


Nuevos Impulsores: Ampliación del Modelo

En los últimos años, especialmente en ámbitos divulgativos y clínicos del Análisis Transaccional en el mundo hispanohablante, algunos autores han comenzado a describir dos impulsores adicionales. Es importante señalar que ambos están aún en proceso de consenso y no cuentan con un respaldo científico sólido equiparable al de los cinco impulsores clásicos. Aun así, su descripción resulta clínicamente relevante y resonante para muchas personas.

Veamos cuáles son estos nuevos Impulsores:

6. “Tómalo”

Mensajes frecuentes: “Si no lo coges tú, lo cogerá otro”, “El mundo es de los valientes”, “Aprovecha antes de que sea tarde”, “No seas ingenuo”.

Características asociadas: Orientación a la apropiación, la competitividad y la obtención rápida de beneficios con una mentalidad cortoplacista. Tendencia a actuar desde la urgencia por asegurar recursos, reconocimiento o poder. Puede manifestarse como ambición sana y capacidad de iniciativa, pero también como dificultad para respetar límites, cooperar o tener en cuenta el impacto en los demás. 

7. “Ten cuidado”

Mensajes frecuentes: “Ojo, vigila”, “No te fíes”, “Más vale prevenir”, “Eso es peligroso”, “Mejor no te arriesgues”.

Características asociadas: Hipervigilancia, anticipación constante del riesgo y del error. Conductas de evitación, inhibición de la autoexpresión y dificultad para tomar decisiones que impliquen visibilidad o incertidumbre. Aunque este impulsor puede favorecer prudencia y capacidad de análisis, cuando predomina limita el desarrollo personal y profesional, reduce la espontaneidad y refuerza el miedo al cambio. Puede predisponer a vivir con ansiedad situaciones nuevas o que requieran exposición o iniciativa.


Una invitación a tu autodescubrimiento

Los impulsores no definen quién eres, pero sí influyen en cómo te relacionas contigo, con los demás y con el mundo. Tomar conciencia de ellos permite ampliar el margen de elección y responder de manera más flexible a las situaciones de la vida cotidiana, tanto en el trabajo como fuera de él.

Te dejo algunas preguntas para favorecer la reflexión y el autoanálisis:

¿Te identificas con alguno/s de estos impulsores?
¿Cuáles están más presentes en tu vida?
¿Qué ventajas y desventajas tienen para ti a día de hoy?

Una buena noticia es que Kahler los formuló como estrategias de supervivencia relacional, no como rasgos de personalidad, por lo que son susceptibles de cambio y redefinición consciente. Observarlos sin juicio es el primer paso para transformar su influencia y recuperar mayor libertad interna.

 

💙Si quieres profundizar en tu autoconocimiento puedes completar mi cuestionario, especialmente diseñado para que descubras tus impulsores:

 IR AL CUESTIONARIO


Estará abierto de forma gratuita hasta el 20 de enero a las 23.59.

Después de esta fecha, consulta las condiciones de acceso AQUÍ