15 ene 2021

El viaje más heroico: Salir de la zona de confort

 

Son muchos los profesionales que deciden cambiar de entorno para encontrar nuevas oportunidades. Su movimiento está impulsado por la curiosidad, por la necesidad económica o la de nuevas experiencias. Sea cual sea su motivo inicial, todo viaje externo implica un viaje interno: un cambio geográfico, ya sea de ciudad, región o país, es un aprendizaje de nuevas costumbres y culturas. Al mismo tiempo, emprender un nuevo camino se convierte en un encuentro excepcional con los aspectos menos conocidos de uno mismo.

 





Conocí a Martín en uno de los seminarios presenciales que imparto sobre carrera profesional y empleabilidad. En sus intervenciones destacaba por su capacidad reflexiva y su facilidad para la comunicación. Su entusiasmo y su actitud positiva traspasaban la mascarilla, tan típica de este tiempo. Comentando su experiencia en la búsqueda de oportunidades laborales en un entorno nuevo, lejos de lo conocido y de la “red de seguridad”, observamos que son muchos los aprendizajes y desafíos que entraña esta aventura. Yo misma experimenté también muchas de estas vivencias al trasladarme a Barcelona en 2007.

 

Así, este artículo nace como homenaje y reconocimiento a tod@s los buscador@s que apuestan por el cambio, arriesgándose a cuestionar los límites y las limitaciones, para encontrar su propio camino.

 

Decidimos colaborar para poner voz a su experiencia, que es la de tantas otras personas. Para ello, encontramos en “El viaje del héroe” (Campbell, 1999) la metáfora perfecta para ilustrar esta hazaña vital. El viaje del héroe relata el periplo que el individuo transita, erigido en protagonista de su propia historia, en su viaje de crecimiento. Este periplo puede darse en el ámbito profesional, relacional, creativo o cualquier otro. Así, suele desplegarse a través de cuatro momentos cruciales que, de resolverse positivamente, conducirán al héroe a la recompensa de una mayor plenitud y autenticidad. Por el camino, habrá de batirse en duelo con dragones y monstruos, enfrentándose a las dificultades y encontrando los tesoros escondidos.

Como psicóloga, formadora y coach, es para mí un honor acompañar en este viaje de superación y aprendizaje a tant@s héroes y heroínas con las que aprendo día a día. 

 

Este es el relato del viaje de Martín, a través de la entrevista que compartimos sobre su experiencia.

 

 

Etapa 1: La llamada. 

¿Qué te impulsó a iniciar este viaje?

 

El impulso nació de una incomodidad en la comodidad, en una estructura de vida y de trabajo que yo -o una parte de mí- había montado con mucho esfuerzo. Mis días transcurrían en Catamarca, una ciudad de ritmo lento y veranos de fuego, entre montañas rocosas y verdes del norte argentino. Tenía un trabajo “seguro” en un instituto estatal de formación profesional en Arte y Comunicación. Me había titulado y trabajado en Turismo, aunque siempre me atrajeron el arte y la creatividad, por lo que en los últimos años estuve dedicado al teatro como actor en grupos y compañías independientes. Había logrado trabajar y crecer en forma considerable en ese ámbito, algo que para mí tenía vital importancia. Mi economía era holgada pero no tenía mayores inconvenientes. Vivía en la casa de mis padres, con recurrentes aromas a comida casera, un pequeño jardín, una gata y una convivencia armoniosa; no parecía haber motivos suficientes para irse.

 

La llamada: 

Hace más o menos dos años caí en la cuenta de que sostener esa estructura y esa dinámica de vida, que parecía tan sólida y tan ajustada a mis deseos, tenía unos costes emocionales y psíquicos cada vez más difíciles de pagar. La llamada se presentaba una y otra vez en lo cotidiano en forma de tedio, aburrimiento, saturación, desmotivación, preocupación, ansiedad y tristeza. Y aunque mis miedos, mi imparable análisis mental, y las evasiones intentaban taparlo, todo eso estaba allí, como música de fondo. Las cosas en apariencia funcionaban “bien”, pero con el piloto automático. Creo que mi llamada fue -y es- a romper con la inercia, con las propias estructuras y armaduras en todas las áreas de mi vida, y para eso elegí cambiar de escenario en forma radical, “saltar el charco” y venir a Barcelona, el 1 de marzo del 2020 (A.M., es decir, Antes de las Mascarillas).

 

 

 

Etapa 2: Las pruebas.

¿Cuáles están siendo las dificultades en tu travesía? ¿Qué aliados encontraste? ¿Algún enemigo?

 

Las pruebas que estoy atravesando aquí -en una ciudad que ya no está amurallada- tienen que ver curiosamente con derribar mis “muros mentales”, es decir, ideas previas, expectativas, creencias y pautas culturales con las cuales había construido un modelo de “cómo deberían/deben ser las en Barcelona para mí”.

 

Además, he podido vislumbrar como desafío personal, una invitación a no construir o replicar aquí una nueva versión del modelo de vida del que elegí salir. Si bien para mi es deseable tener cierta estabilidad y seguridad en algunos aspectos como el laboral, creo que la cosa aquí va más allá, tiene que ver más con explorar(me) e investigar(me) en un territorio desconocido, en una época caótica, sin dejarme comer por ejemplo por el instinto de supervivencia.

 

Otra de las pruebas está teniendo lugar en el plano autovaloración y la comunicación del valor personal para el mercado laboral sin renunciar a mis características esenciales más profundas, para no generar otra vez la propia jaula, ni siquiera de cristal.

 

Por estos días trabajo para sostenerme económicamente como repartidor -algo que no estaba en mis planes- y sigo buscando empleos.  Pero ahora procuro hacerlo de una manera cada vez más reflexiva, consciente y sana, enfocado en comunicar, compartir y ofrecer las competencias que he desarrollado en distintos trabajos a sectores en los que pueda aportar valor.

 

Aliados:

En el camino he encontrado a personas a quienes tal vez ni conocía pero que han actuado como aliados y/o como puentes para conectar con otros aliados. Recuerdo por ejemplo a Sol, una cantante con quien tomé un taller en Catamarca (Arg.), que me contactó con Giovanna -y con su compañero Fran- quienes sin conocerme y desde antes de mi llegada a Barcelona me han ofrecido ayuda en múltiples formas (dinero, casa, bici, música) y mucho afecto siempre. 

 

También me he reencontrado con personas que se transformaron en aliados: Matías, un ex-compañero de trabajo de Argentina, y su compañera Lies que también están viviendo aquí, y que me ha puesto al tanto de muchísimas cosas sobre vivir, trabajar y habitar Barcelona.

 

Además, tengo aliados fundamentales, de prácticamente todas las travesías de mi vida, como Alejandra y Damián, excelentes terapeutas y mejores personas que desde Argentina me ayudan a desempañar los cristales para mirarme cada vez más y mejor. Y sin duda mi familia (padres y hermanos) y amigos de mi país que siempre están dispuestos a ayudar, incluso cuando me jacto de no necesitar tal cosa. 

 

Por si fueran pocos todos ellos, aquí y ahora, en esta travesía tengo aliados que en catalán o con acentos que a veces no logro identificar, me dan su ayuda impregnada de cariño, respeto y solidaridad.

 

En cuanto a mis enemigos, debo decir que no son necesariamente personas o cosas, son más bien enemigos internos, por ejemplo:  los viejos conocidos y miedos. Estos señores vienen a veces de a uno y otras veces en enjambre, a zumbar agudo en mi oído. El combo completo incluye: miedo a escasez (de dinero, salud, trabajo, de conocimientos y herramientas), el miedo al rechazo (de la ciudad, de las personas, del “mercado laboral” o de los posibles empleadores), miedo a no poder/saber mostrar o comunicar mis habilidades, miedo a lo desconocido y no controlable, miedo al fracaso (con gustito a ideales de éxito a lo Hollywood). 

 

Otro cluster de enemigos asociados a los anteriores son ciertos estados mentales y emocionales, que para mí son como pantanos de los que a veces cuesta salir. Advierto que incluso pueden generar acostumbramiento o adicción. Estos estados pueden activarse en mi con cuestiones muy cotidianas y hasta tontas. Ahora intento verlos como invitaciones a descansar, a parar la mente y mirar las cosas desde otros ángulos.

 

 


Etapa 3: El tesoro escondido.

¿Cuáles están siendo tus aprendizajes profundos en esta experiencia? 

 

Los aprendizajes profundos (work in progress):

  • A ejercitarme en la confianza en mí mismo y en pensar que las cosas pueden funcionar.
  • A revisar mis propias creencias, ideas y prejuicios sobre cómo deben ser las cosas para mí en lo laboral, profesional y personal.
  • A prestar atención y poner conciencia para evitar funcionar con modelos de pensamiento y comportamiento rancios e improductivos.
  • A ofrecer/compartir lo que sé o puedo hacer, más que pensar en “que me den un trabajo” o “en tengo que encajar en algún lado, en lo que sea”.
  • Que las experiencias de búsqueda laboral “fallidas” no determinan mi valor como persona y profesional.
  • A ser más inteligente emocionalmente, a hacerme consciente y gestionar emociones que tienden a nublar mi mirada 
  • A hacerme cargo de mis deseos profundos y no huir de ellos, ni sobreadaptarme para encajar y ser aceptado a cualquier precio.
  • A pedir ayuda y, por momentos, dejar de ser el ayudador o bajar del pedestal la idea de autosuficiencia como un indicador del valor personal.
  • A que puedo hacerme adicto a ciertas emociones y dinámicas de pensamientos que pueden ser melodías de “fácil ejecución”: el drama, los pronósticos de catástrofes personales, etc.
  • A descansar y conectar con el disfrute a diario (si no, yo me pregunto en argentino y en catalán: ¿Vos vivís en Barcelona sólo para trabajar/buscar trabajo, pagar impuestos y “res més” (Nada más)?


 

Etapa 4: La recompensa.

¿En qué te ha cambiado esta vivencia? ¿Qué recompensas recoges?

 

Cambiar de ciudad, país, continente y -desde hace unos meses- de paradigma/mundo, me está permitiendo cuestionar fuertemente cuáles son mis valores personales en el plano personal y profesional. 

 

Asimismo, me está posibilitando experimentar y aprehender en primera persona lo inestables, provisorios, poco controlables e inciertos que pueden resultar los planes. En relación a ello, esta experiencia está significando para mí un entrenamiento intensivo en torno a la confianza, flexibilidad, la creatividad y la proactividad frente a aquello que no estaba en mis planes.

 

Quizás hoy en día no soy tan consciente de las recompensas, pero puedo decir que es el camino más que el destino lo que importa. Aunque la lógica resultadista pueda indicarme otra cosa, me esfuerzo por ver que los propios procesos de crecimiento ya son motivo para cantar victoria. 

 

 

Tras este relato en primera persona de Martín, sólo puedo agradecer su lucidez y valentía. Sus aprendizajes son únicos y personales, pero siento que, de algún modo, son también colectivos por ser parte de las vivencias de tantas y tantas personas que aceptan cada día su llamada a adentrarse en lo desconocido para alcanzar un crecimiento mayor.


¡Ojalá tus palabras sirvan de espejo y apoyo, Martín! Gracias por compartir con tanta honestidad y talento.





Martín Serra

Creativo, compañero de equipo y facilitador en proyectos, productos y servicios del sector creativo.

www.linkedin.com/in/martinserraisaia

martinalejandroserra@gmail.com

 

 





Maite Ordoñez

Psicóloga y Coach de Desarrollo personal y profesional.


www.linkedin.com/in/maiteom/ 


maite.ordonez.maria@gmail.com

 

 

 

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