Resulta paradójico que aquello que nos ayuda a prosperar en un momento dado pueda convertirse en un lastre para nuestro desarrollo y bienestar después.
Esto mismo es lo que a menudo sucede con ciertas creencias
y modos automáticos de funcionamiento en las que asentamos la identidad.
Nos reconocemos como "nosotr@s mismos" cuando seguimos ciertos
patrones de conducta. Sin embargo, siendo la vida un desafío cambiante e
infinitamente variado, la inflexibilidad de los patrones suele llevar al colapso.
Los impulsores de conducta se enmarcan dentro de la
teoría del Análisis Transaccional (AT), una escuela psicológica desarrollada
por Eric Berne principalmente en la década de 1960, que combina elementos de
psicología humanista y cognitivo-conductual para entender cómo las personas se comunican
y se relacionan consigo mismas y con los demás. Taibi Kahler definió los
impulsores de conducta como mensajes internos inconscientes, aprendidos en la
infancia, que empujan a la persona a comportarse de determinada forma para
obtener reconocimiento, aceptación o sensación de valía.
Son mandatos internos que se activan especialmente en situaciones de estrés o exigencia, y que llevan a la persona a actuar de forma automática, rígida y repetitiva.
Los impulsores se instalan progresivamente a lo largo
de la infancia temprana, a partir de mensajes explícitos o implícitos del
entorno, lo que implica que suelen incorporarse de forma acrítica e
inconsciente. Funcionan a modo de: “haz esto para estar bien” y se viven
como necesarios para salvaguardar la propia integridad y supervivencia.
Un aspecto relevante de los Impulsores es que, aunque
no son patológicos en sí mismos, habitualmente suelen intensificarse en
situaciones en las que la persona se siente bajo presión. Así, pueden volverse
disfuncionales, limitando la espontaneidad, la creatividad y la autonomía.
Aunque en origen su intencionalidad es positiva y potencialmente beneficiosa
para la adaptación, su excesiva dominancia genera limitaciones y bloqueos. Estos
efectos no sólo dificultan el logro de metas y la toma de decisiones, sino que
pueden, además, generar estrés y malestar emocional, relacional y
profesional.
En síntesis, los impulsores son eficaces para garantizar la supervivencia a corto plazo, pero su dominancia limita el bienestar y el desarrollo a medio y largo plazo.
Los 5 Impulsores Clásicos
Te presento a continuación los 5 Impulsores clásicos,
revisando los mensajes de los que provienen habitualmente y sus características
conductuales asociadas. ¿Te reconoces en alguno de ellos?
1. “Sé perfecto”
Mensajes frecuentes: “Las cosas se hacen bien o no se
hacen”, “No puedes fallar”, “Hay que hacerlo bien, cueste lo que cueste”, “Sólo
hay una forma de hacer las cosas: bien”.
Características asociadas: Autoexigencia elevada y, a menudo,
poco realista. Necesidad constante de mejorar, revisar y pulir cada detalle.
Tendencia al control y a la rigidez cognitiva, acompañada de miedo al error y a
la crítica. Dificultad para dar por finalizadas las tareas, ya que siempre “se
podría hacer mejor”. Este impulsor puede favorecer altos estándares de calidad
y responsabilidad, pero llevado al extremo genera ansiedad, procrastinación y
sensación persistente de insuficiencia.
2. “Complace”
Mensajes frecuentes: “Primero, piensa en los demás”, “No
seas egoísta”, “Lo importante es que los demás estén bien”, “Si vas a lo tuyo,
te quedarás solo/a”, “No lleves la contraria”.
Características asociadas: Tendencia a anteponer las
necesidades ajenas a las propias, incluso cuando esto implica un coste personal
elevado. Dificultad para poner límites, decir “no” o expresar desacuerdo.
Sensación de obligación y miedo al rechazo o al conflicto. Aunque suele ir
acompañado de empatía y capacidad de cuidado, en exceso conduce a desgaste
emocional, resentimiento y pérdida de contacto con los propios deseos y
necesidades.
3. “Esfuérzate”
Mensajes frecuentes: “Lo importante es que te
esfuerces”, “Nada se consigue sin sacrificio”, “Si no cuesta, no vale”, “Aunque
no lo logres, al menos lo habrás intentado”.
Características asociadas: Gran inversión de energía en tareas
que requieren mucho esfuerzo, aunque no siempre sean las más eficaces.
Valoración del sacrificio por encima del resultado. Dificultad para disfrutar
de los logros si no han sido “suficientemente duros”. Este impulsor puede
fomentar perseverancia y resistencia, pero también mantener a la persona en
dinámicas de sobreesfuerzo, agotamiento y poca eficiencia.
4. “Sé fuerte”
Mensajes frecuentes: “No llores”, “No es para tanto”, “Hay que aguantar”,
“Si muestras debilidad, pierdes”, “Tienes que poder con todo”.
Características asociadas: Inhibición emocional, especialmente
de emociones consideradas “vulnerables” como el miedo, la tristeza o la
necesidad de apoyo. Tendencia a mostrarse autosuficiente, resolutivo y
controlador. Dificultad para pedir ayuda y para conectar con la propia fragilidad.
Aunque aporta capacidad de afrontamiento en situaciones difíciles, su exceso
genera desconexión emocional, soledad y sobrecarga interna.
5. “Date prisa”
Mensajes frecuentes: “No pierdas el tiempo”, “Ve más
rápido”, “Siempre llegas tarde”, “Te estás quedando atrás”, “El que no corre,
vuela”.
Características asociadas: Sensación constante de urgencia. Dificultad para relajarse y disfrutar del proceso. Tendencia a hacer varias cosas a la vez, con dispersión de la atención y aumento de errores. Este impulsor puede aportar agilidad y rapidez mental, pero cuando domina genera estrés crónico, impaciencia y dificultad para sostener procesos a largo plazo.---Impulsores emergentes: ampliaciones del modelo
Nuevos Impulsores: Ampliación del Modelo
En los últimos años, especialmente en ámbitos divulgativos y clínicos del Análisis Transaccional en el mundo hispanohablante, algunos autores han comenzado a describir dos impulsores adicionales. Es importante señalar que ambos están aún en proceso de consenso y no cuentan con un respaldo científico sólido equiparable al de los cinco impulsores clásicos. Aun así, su descripción resulta clínicamente relevante y resonante para muchas personas.
Veamos cuáles son estos nuevos Impulsores:
6. “Tómalo”
Mensajes frecuentes: “Si no lo coges tú, lo cogerá otro”, “El mundo es de los valientes”, “Aprovecha antes de que sea tarde”, “No seas ingenuo”.
Características asociadas: Orientación a la apropiación, la competitividad y la obtención rápida de beneficios con una mentalidad cortoplacista. Tendencia a actuar desde la urgencia por asegurar recursos, reconocimiento o poder. Puede manifestarse como ambición sana y capacidad de iniciativa, pero también como dificultad para respetar límites, cooperar o tener en cuenta el impacto en los demás.
7. “Ten cuidado”
Mensajes frecuentes: “Ojo, vigila”, “No te fíes”, “Más vale prevenir”, “Eso es peligroso”, “Mejor no te arriesgues”.
Características asociadas: Hipervigilancia, anticipación constante del riesgo y del error. Conductas de evitación, inhibición de la autoexpresión y dificultad para tomar decisiones que impliquen visibilidad o incertidumbre. Aunque este impulsor puede favorecer prudencia y capacidad de análisis, cuando predomina limita el desarrollo personal y profesional, reduce la espontaneidad y refuerza el miedo al cambio. Puede predisponer a vivir con ansiedad situaciones nuevas o que requieran exposición o iniciativa.
Una invitación a tu autodescubrimiento
Los impulsores no definen quién eres, pero sí influyen en cómo te relacionas contigo, con los demás y con el mundo. Tomar conciencia de ellos permite ampliar el margen de elección y responder de manera más flexible a las situaciones de la vida cotidiana, tanto en el trabajo como fuera de él.
Te dejo algunas preguntas para favorecer la reflexión y el autoanálisis:
¿Te identificas con alguno/s de estos impulsores?
¿Cuáles están más presentes en tu vida?
¿Qué ventajas y desventajas tienen para ti a día de hoy?
Una buena noticia es que Kahler los formuló como
estrategias de supervivencia relacional, no como rasgos de personalidad, por lo
que son susceptibles de cambio y redefinición consciente.
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