15 sept 2015

Enfocar el Liderazgo

El impacto del liderazgo sobre el funcionamiento y los resultados de los equipos de trabajo es de gran trascendencia. La forma en que un líder afronta su tarea de dirigir afecta no sólo al rendimiento y la productividad de su equipo, sino también a los índices de motivación, satisfacción y compromiso del mismo. No en vano, el liderazgo es una competencia compleja compuesta por diversas habilidades que van desde la comunicación o la visión estratégica hasta la gestión emocional.


¿Tareas o personas?


Una de las primeras características que nos ayudan a diferenciar estilos de liderazgo es la orientación principal del líder. Algunos managers se ocupan principalmente de organizar y distribuir tareas, velando por el cumplimiento de plazos y objetivos. Es habitual que se apoyen en su habilidad para priorizar, analizar y resolver problemas. Estos líderes se centran en la acción y en sus resultados. En el mejor de los casos, aportan una visión clara de las metas y su significado, transmitiendo de forma directa los procedimientos y actuaciones a seguir en cada momento.
En contrapartida, en ocasiones (especialmente en condiciones de alto estrés) pueden descuidar aspectos comunicativos y emocionales con sus colegas y subordinados.

Por otro lado, los líderes orientados a personas se caracterizan por establecer y mantener relaciones cercanas y más personales con sus colaboradores.  Muestran predilección por conocer las inquietudes e intereses de quienes les rodean y prestan atención a elementos emocionales. Son hábiles a la hora de comunicarse y de crear una buena sintonía de trabajo, siendo depositarios de la confianza de los
miembros de su equipo. En su mejor versión, este tipo de líder es además capaz de conocer y apreciar el talento de sus subordinados, favoreciendo su desarrollo.
Sin embargo, en circunstancias adversas este tipo de liderazgo puede evidenciar limitaciones a la hora de lidiar con aspectos más ejecutivos u organizativos.


No existe "liderazgo correcto", sino el "liderazgo adecuado"


Si bien las características de los estilos descritos difieren ampliamente entre sí, no puede considerarse que ninguno de los dos liderazgos sea más efectivo que el otro. De hecho, el liderazgo de mayor éxito es aquel que es capaz de integrar la orientación a objetivos y a personas. Evidentemente, esto supone la necesidad de que el líder no sólo disponga de un amplio repertorio de habilidades, sino que además, sea flexible para utilizar la actitud y procedimientos más adecuados para cada situación y persona. Este nivel de adecuación exige una alta conciencia de las propias fortalezas y limitaciones, así como de la tarea a desarrollar y del equipo que la realiza.




Como líderes, algunas cuestiones básicas a plantearnos son: 

¿Cómo me describirían mis colaboradores? 

¿Qué actividades afronto con más entusiasmo y efectividad? 
¿Qué tareas de mi puesto tiendo a evitar o posponer? 
¿Mi foco está en las personas, o en las tareas? 







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